14 de septiembre de 2013

El Sonido del Tambor Interno


Empieza a comprender esta existencia de la manera más sencilla posible – para ir hacia adentro.
No partiendo de ideas, sino del entendimiento.
No midiendo con escalas de “no tengo”
sino comprendiendo lo que tienes.
Lo que tienes está justo aquí, en tu interior, y es todo.
Quiero decir todo. Y estará ahí hasta el final
“¿Has escuchado el tambor que está dentro de ti? Tu ritmo. Tu metrónomo. Tu pulso. El tambor que suena golpe a golpe en cada ser humano.”
En nuestra vida hemos dado por supuesto muchas cosas acerca de esta existencia. ¿Cuántas personas se despiertan cada día y dicen: “Este puede ser mi último día. Gracias por el día de ayer, gracias por el día de hoy y gracias por este momento?” Sin embargo, en algún recodo de nuestra mente, en la parte más profunda de nuestra alma, sabemos que no hay ninguna garantía.
Muy dentro de cada ser humano existe una sed, un clamor, una necesidad, un deseo. No importa el idioma que hables, ni la religión que sigas, ni la cultura de la que procedas.
Esos son algunos de los compartimentos en que se nos ha encasillado.
Cuando nacimos, no éramos ricos ni pobres; eso viene después. Cuando nacimos, no teníamos nombre, ni ideas, ni conceptos sobre este mundo. Existíamos, no necesitábamos un nombre para estar vivos. Existíamos con lo esencial de la vida; respirando, creciendo. La sangre circulaba, el corazón latía. Y el proceso de la vida, cualquiera que fuese, seguía su curso. Pero, a medida que crecemos, nos olvidamos de lo esencial y nuestra perspectiva cambia. Perdemos la capacidad de observar a otro ser humano y decir: “Esa persona está viva como yo”, y punto. Eso es lo esencial, la base, lo único que cuenta.
Sin embargo, cuando miramos a otra persona, colocamos unos filtros delante de ella y decimos: “¿Es guapa esa persona? ¿Es fea?” Y continuamos diciendo: “Tiene la piel oscura, tiene la piel blanca, viste bien…” Es como un ordenador algo tonto que no sabe lo que está sucediendo. En los ordenadores, es posible poner la hora en las doce de la noche, aunque en realidad sea otra hora. Puedes ir al panel de control, adelantar el reloj ocho horas y crear un nuevo documento; la hora en ese documento estará ocho horas adelantada. Al ordenador no le importará lo más mínimo.
Todo está o encendido o apagado, es bueno o malo, está bien o mal. Quizá nos guste ser de ese modo. Tal vez sea así como la sociedad nos ha enseñado a ser. Quizá sea así como hemos dejado que nos enseñen. Sin embargo, ¿Cuál es el precio que hemos tenido que pagar? Una cosa es decirle a un ordenador que es medianoche, y otra muy distinta es que te lo digas a ti mismo. Si miras al sol en California cuando son las doce del mediodía y dices “Es medianoche”, algo anda mal.
Nos hemos aplicado esa fórmula de bueno/malo, correcto/incorrecto a nosotros mismos. Ya no tenemos la capacidad de ver la vida como es. Ahora necesitamos cosas para creer en la vida. Necesitamos un libro que nos diga: “¡La vida es maravillosa!” Necesitamos que alguien ponga una pegatina en su coche que diga: “¡Sonríe!” ¿Por qué? ¿Hemos perdido la capacidad de comprender? ¿Nos hemos quedado con razones, causas, circunstancias, ideales y pensamientos, a cambio de la comprensión? Tal vez lo hayamos hecho. Hoy día hemos cambiado muchas cosas por la verdadera sed (de paz interior). La gente ya no es consciente de su sed. Es consciente de las ideas ajenas, no de las propias. Es como si a un hombre sediento que está en el desierto y quiere agua, se le da un camión lleno de libros que tratan del agua. ¿Se le quitará la sed?
Miro lo que está sucediendo. Tienes los hechos ante ti. Naciste y, ¿qué crees que ocurrirá después, inevitablemente? ¿La muerte aparente? No. La naturaleza no cree en eso. ¿Cuál crees que es la otra cara de la moneda? Nacimiento/muerte, venir/marcharse. Y en medio, la existencia. ¿Cómo es  la existencia? Es increíble. Tanto en los momento buenos como en los malos, ahí está. No importa si se nos dispara la mente, si se nos rompe el corazón o si se nos encoje el estómago. Sigues estando ahí, una respiración cada vez, no dos, ni tres, ni cuatro; sino una cada vez. Y, en esos momentos maravillosos, cuando la magia está en todas partes y todo sale a mi gusto, sigue ocurriendo lo mismo: un aliento cada vez. Tu ritmo, tu metrónomo, tu pulso, palpitando, un latido detrás de otro. Pero, ¿lo has escuchado? A la gente le gustan los tambores, pero hay un tambor que está dentro de ti. Un tambor que suena golpe a golpe en cada ser humano, sin importar quién sea o lo que haga. Suena incluso en los malos, en los más perversos. Sigue sonando. Es el pulso de la vida que late como algo ajeno a todas las ideas que tenemos. ¿Qué es esa cosa tan sorprendente? ¿Cuál es el milagro de la existencia? ¿Qué ha sucedido aquí? ¿Es realmente una prueba? ¿Un juego? ¿Han sido colocados los seres humanos en un circo, como en el Coliseo, para ver si ganan o pierden? ¿O es esta existencia una bendición? No puede ser las dos cosas.
No pienses ni por un momento que no entiendo que es el dolor, pero tampoco creas que no sé lo que es la dicha. Ambas cosas existen, y cuando miro, veo una bendición. Veo la bondad de la existencia en la que se me ha regalado este tiempo desde que nací; un tiempo limitado, no es para siempre.
El matrimonio de lo infinito y lo finito, de lo inmortal y lo mortal. Fundidos, unidos. La conciencia, por medio de la cual puedo recordar, puedo ir hacia delante, ir hacia atrás o estar en este momento, ahora, donde puedo encontrar la verdadera dicha, la alegría, la satisfacción, la armonía, la felicidad, no importa como lo quieras llamar.
El tiempo dentro de mí, cuando puedo experimentar a través de mis medios increíblemente infinitos, puedo empezar a sentir algo que no tiene ni principio ni fin, algo que no tiene dimensiones y que no está sujeto al tiempo. Entonces mi corazón se deleita.
Mi cerebro se sorprende y mi corazón se deleita. Para algunas personas, esto es una ambigüedad. Para mí, ésa es la naturaleza de ambos. El cerebro no puede entenderlo y no me preocupa, porque en mi reino interior reconozco la soberanía de mi corazón.

Reconocer el regalo del aliento,
consciente de esta existencia.

El tambor de la respiración

Hay una copla hermosa de la India que dice que el tema del infinito no es un tema de conversación. Todo lo que puedes hacer es sentirlo, experimentarlo, y después lo entenderás. Todo el mundo quiere hablar de lo que es infinito, de lo que es Dios, acerca de lo que es la vida. Pero no se puede hablar de la vida. La vida hay que sentirla. ¿Te sientes vivo?
Cuando digo esto, la gente piensa: “Por supuesto, estoy vivo por esto y esto y esto.” Pero éstas no son las cosas que te hacen sentir vivo.
Se le ha dado la oportunidad de estar vivo. En que toca el tambor de la respiración. Tienes la conciencia, la posibilidad de la conciencia. Tienes la posibilidad de recordar, tienes la posibilidad de olvidar. Tienes el bien, tienes el mal. Tienes lo correcto, tienes lo incorrecto
Todas las posibilidades están en ti. Nada es limitado. ¿Qué quieres? La respuesta debe venir de tu corazón, desde el único lugar en el que se es sincero, que está llamando en este momento.
Un ser humano se debate en la ignorancia, porque está viviendo en la incertidumbre. No tiene certeza del día de mañana. Y cuando un ser humano no está seguro acerca de algo, ocurren dos cosas: O bien se acepta eso y dice: “Yo voy a hacer algo al respecto”, o -como la mayoría de la gente-se inventa una historia acerca del mañana. Y una vez que la historia se ha hecho, se hará cualquier cosa para creer en esa historia, lo que sea necesario. Pero es una historia. Y la historia no elimina la incertidumbre.
Conocimiento, entendimiento. Estas son las únicas cosas que pueden eliminar la incertidumbre en esta vida para que pueda empezar a dar la bienvenida a lo que es el mañana. No es lo que trae el mañana-lo que el mañana es. La existencia es un milagro increíble. Mi anhelo, mi verdadero deseo es sentirme vivo, sentir esta existencia. Quiero ser deslumbrado por el milagro. Quiero ser testigo de ello.
Realmente se trata de conocer la libertad en el interior-la libertad de entender. ¿Eres libre de entender o eres un esclavo de las ideas de otras personas que prohíben la comprensión de cualquier otra cosa? Porque si uno no tiene libertad para comprender, no es libre.
¿Eres libre? ¿Es usted parte de un cuento de hadas, una historia que no existe? ¿O usted es parte de una historia acerca de su tiempo y su vida en la que no hay límite a la apreciación?
Cada momento de tu vida es único. Nunca tendrás dos por igual. Esta es la ciencia de la vida: cuando se empieza a apreciar cada momento. Para tener un corazón tan abierto, una comprensión tan hermosa, y un anhelo de satisfacción tan completa que cuando llegue ese momento, veas exactamente lo que es.

Sumergirse en el océano interior,
de claridad, respuestas y comprensión.

Sintiéndose vivo, en paz.
Para descansar de la manera más profunda. Para volver a casa de verdad, no en una fantasía. Para sentirse vivo, no porque alguien te dio permiso, sino porque te sientes vivo a ti mismo. No se está pidiendo prestado a alguien la comprensión, sino que comprendes. No se trata de las palabras. Es para romper el muro de palabras y entrar en la realidad.
Tú no tratas acerca de una historia, estás vivo, escucha el tambor de esa respiración y baila. Estate emocionado porque estás vivo hoy en día, en el interior, compréndelo. El punto de la existencia es para ver esta pintura hermosa que Dios ha creado llamado “tu” de la manera más preciosa. Sólo cuando eso está sucediendo en tu vida puedes empezar a decir que estás vivo.
Cuando la gente encuentra la realidad dentro de ellos, la alegría es la recompensa. No es una fantasía, sino una realidad. Y la realidad es más hermosa que cualquier fantasía.

Maharaji

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